EL ARCO Y LA FLECHA

Se cree que el origen del tiro con arco data de unos 25.000 años antes de la era moderna. La caza con arco era bastante más segura que otros métodos utilizados por aquel entonces, ya que permitía mantener cierta distancia de seguridad. Los materiales con los que estaban construidos aquellos primitivos arcos nos revelan muchos secretos sobre la zona en la que vivían nuestros antepasados, las herramientas que tenían a su disposición y cómo utilizaban estos arcos.   

Entre los primeros pueblos de los que se tiene constancia hayan usado el arco y las flechas están los egipcios, que adoptaron el arma hace al menos 5.000 años y durante la época de los primeros faraones practicaron el tiro con arco para cazar y para luchar contra los antiguos persas, que iban equipados sólo con lanzas y hondas.  Poco después, sin embargo, su uso se generalizó en todo el mundo antiguo y en el Antiguo Testamento hay varias referencias a la destreza que tenían los hebreos en el tiro con arco. En China, el tiro con arco se remonta a la dinastía Shang (1766-1027 a.C.),  cuando un carro de combate transportaba un conductor, un lancero y un arquero. Durante la dinastía Chou (1027-256 a.C.), los nobles de la corte asistían a torneos de tiro con arco que eran acompañados de música y elegantes salutaciones.






Hacia 1800 a.C., los asirios introdujeron un nuevo diseño: un arco construido con cuero, marfil y madera con lo que conseguían un perfil recurvo. Estos arcos eran mucho más potentes que los utilizados por los egipcios y, además, contaban con la gran ventaja de poder dispararlos desde un caballo. Fue la pieza clave que les permitió expandir su imperio.  Otros pueblos crearon impresionantes máquinas de guerra al hacer que los caballos tirasen de carros en los que iban los arqueros.

Los romanos deben mucho de su superioridad militar a sus ejércitos de temibles arqueros. A comienzos del periodo medieval los romanos se vieron derrotados por godos, hunos y vándalos, muy hábiles en el uso del arco. Durante la edad media los arqueros más notables fueron los ingleses, sus proezas en las competiciones deportivas, luchas y cacerías fueron cantadas en baladas medievales.   La superioridad en el manejo de este arma que tenían los pueblos del Medio Este duró varios siglos. Por ejemplo, los romanos, aunque tienen fama de haber tenido uno de los mejores ejércitos del mundo, no pudieron hacer nada frente a las hordas de arqueros persas.

Los mongoles conquistaron gran parte de Europa y los turcos demostraron su valía en las cruzadas, en parte debido a la superioridad de sus arcos recurvos y en otra a una mejor técnica de tiro.   Los testimonios de viajeros europeos durante el renacimiento indican que el arco y las flechas fueron el arma más importante en el este de Asia, América, África central y la región ártica. Sin embargo, la introducción gradual de la pólvora dejó al arco y las flechas obsoletos, especialmente en el oeste de Europa; así, en la derrota de la Armada Invencible española por la inglesa en 1588, 10.000 soldados ingleses fueron equipados experimentalmente con armas de fuego, mientras los españoles confiaron en arqueros; el éxito de las fuerzas inglesas fue de suma importancia para convencer a los teóricos militares de que el tiro con arco se había convertido en un método relativamente ineficaz para la guerra.  Sin embargo los pueblos del este de Asia han utilizado arqueros hasta el siglo XIX y el uso del arco y las flechas para cazar y en luchas intertribales continúa hoy día en algunas zonas de África central y América del Sur.

La historia de la arquería no estaría completa sin la mensión de los Escitas.A estos formidables guerreros se les conocía como los Hombres Arco ya que jamás se separaban de ellos así como tampoco de sus lanzas, armas que manejaban a la perfección. Fueron otro pueblo de jinetes arqueros que dejó huellas de su existencia y cuyo Arco Recurvo se reconstruye como réplica hoy en día. Los Persas no pudieron derrotarlos tras varios intentos de conquistar el territorio del Mar Negro donde vivía el pueblo Escita. Usaban el caballo a la perfección y con el uso de este animal y el arco, hacían de la caballería un arma letal. Para lograr su maestría en la guerra, se entrenaban desde niños en lo ecuestre y en el dominio del arco composite.

Habia muchos tipos de arcos, en las distintas culturas, pero por ejemplo, los arcos pequeños eran más fáciles de manejar desde un caballo o un carro, mientras que los arcos grandes eran ideales para derribar objetivos que se encontrasen a gran distancia o incluso dentro de un campamento fortificado.   Grandes imperios se han establecido y caído teniendo como arma el arco y la flecha.

El Longbow
En el siglo XI, los normandos desarrollaron un arco grande (conocido como Longbow) que utilizaron para defenderse de los ingleses en la batalla de Hastings, en el 1066 d.C. A partir de entonces los ingleses adoptaron el Longbow como arma principal reconociendo que su modelo había quedado obsoleto.

Este es, sin duda, el tipo de arco más antiguo y de diseño más sencillo de todos. Se compone de un cuerpo más o menos largo y recto, aunque una vez colocada la cuerda en sus extremos se nos muestra de forma curva debido a la tensión que ejerce ésta al ser más corta que el propio arco.  Su tamaño oscila mucho en función de las necesidades y los medios de quienes los han utilizado, pero por lo general siempre se ha tratado de arcos grandes, mayores en longitud que la del propio arquero, el Long Bow o arco Inglés llegó a alcanzar una longitud de 1,80 y 2 m.

Este tipo de arco tan largo fue una auténtica revolución cuando apareció en Gales a finales del siglo XII. Fabricado en madera de tejo era capaz de enviar contundentes flechas de casi un metro de largo a distancias cercanas e incluso superiores a los 300 m, aunque jamás se empleaba a esta distancia, lógicamente. Sea cual fueren los materiales o las técnicas de fabricación, la gran longitud de estos arcos responde a un mismo problema, fuerza y elasticidad. Cuanto más largo es el arco menor es el estrés de tensión y el material sufre menos. Adicionalmente, es más facil por simple cuestión de palanca, tensar arcos de mayor potencia.

Actualmente existe un resurgimiento de los arcos largos, long bow. No solo en el tiro de campo y bosque, sino también en la caza.  Originariamente estos arcos fueron rectos, de madera maciza. Y hoy en día la gran mayoría siguen siendo de madera, aunque casi siempre laminada. Los actuales long bows mantienen en su mayoría su tradicional linea sobria, fabricandose en maderas nobles por métodos más o menos tradicionales, y es raro encontrarlos fabricados en materiales sintéticos.

El hecho de que su diseño haya sido respetado del original, hace que estos arcos no dispongan de otros elementos adicionales típicos de los arcos modernos, como reposaflechas, puntos de mira, etc. De hecho, quienes hacen uso de estos arcos por lo general son más amantes de la arquería clásica que de la efectividad de los métodos tecnológicamente más avanzados en este aspecto, y por tanto es normal asociar también con estos arcos flechas de madera, pluma natural de ave, elementos de piel...

El Long Bow es el arco más dificil de manejar y el que menos rendimiento nos ofrece. Este factor sólo se ve compensado con su belleza, elegancia y cierto toque de romanticismo. La dificultad en su manejo y su menor efectividad relativa es un aliciente para muchos arqueros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Longbow


 

 

 

 

 

 

 

Ballesta Mediaeval

La Ballesta
Fue el arma para la guerra y el deporte en la Europa medieval. La Ballesta fue concebida como una evolución propia del arco. Consistía en un palo de madera llamado tablero o mango con un arco de madera, hierro o acero que lo cruzaba en ángulos rectos. La cuerda del arco se sujetaba en la nuez de acero o de hueso mediante un gancho o gatillo, tensándola con una palanca que en las ballestas pequeñas se accionaba a mano o con el pie.

El proyectil a disparar se denomina lance de forma genérica (podía ser un dardo, una flecha de cuatro aristas o una bola de barro, hecha en turquesa y endurecida al aire, como una bala de mosquete, llamada bodoque), descansaba y corría a lo largo de un surco realizado en la caja. Cuando se tiraba del gatillo, la cuerda impulsaba el proyectil con una fuerza considerable. Las ballestas más grandes, que arrojaban proyectiles pesados, eran armas militares que requerían el esfuerzo de varios hombres. La ballesta se utilizó en numerosas zonas de Europa occidental sobre todo durante el siglo XIII. El arco largo la desplazó después en gran medida.

Fue utilizada en Europa durante la edad media como arma de guerra y de caza. Fue muy popular en Inglaterra durante el siglo XIII. Con el tipo de ballesta que aquí se muestra los arqueros utilizaban la manivela (derecha) para tensar la cuerda del arco y ajustarla en un enganche sobre el soporte de madera (centro). Después colocaban la flecha en el soporte y disparaban tirando del gatillo. Las flechas tenían unos 300 metros de alcance. La ballesta se sigue usando hoy para algunos tipos de caza mayor, pero su uso se ha prohibido en varias regiones.

Tiro con Arco como deporte
Aunque el valor del arco como arma de guerra declinó después de la aparición de las armas de fuego en el siglo XVI, el reto y la diversión que supone disparar con arco garantizó su existencia. Por ejemplo, Enrique VIII promovió el tiro con arco como deporte oficial en Inglaterra y encargó a Sir Christopher Morris, en 1537, la creación de una sociedad de arqueros, a la que se la conocería como La hermandad de San Jorge. A partir de 1600 se crearon todo tipo de sociedades relacionadas con el tiro con arco. Las competiciones y los torneos servían para medir la categoría de cada una de ellas y fueron el primer paso en la constitución del deporte del Tiro con Arco. El más importante y antiguo, celebrado ininterrumpidamente y que aún persiste la actualidad, tuvo lugar en 1673, en Yorkshire, Inglaterra y fue el Ancient Scorton SilverArrow Contest.

Las competiciones de tiro con arco se dividen en varias categorías: diana, caza y distancia de vuelo. Las pruebas principales de un torneo de tiro con diana se llaman rounds y el número de flechas y la distancia están especificadas previamente. Los frontales de las dianas están hechos de papel y sujetados en una estera de paja.
La diana es circular y tiene una serie concéntrica de anillos alrededor de un centro sólido y se coloca a una altura de 1,3 m sobre el suelo. Extendiéndose hacia afuera desde el centro, los colores de los anillos son: oro, rojo, azul, negro y blanco. Los anillos tienen asignados valores, en puntos, para las flechas que impactan en ellos; el valor varía desde 10 (en el anillo central de color oro), hasta 1 (en la parte de fuera del anillo blanco).  
La modalidad de caza simula una cacería, con pequeños blancos situados a diferentes distancias en un paraje natural. En la modalidad de distancia de vuelo, el objetivo es la distancia recorrida por la flecha, más que la precisión del lanzamiento.


La primera vez que el tiro con arco apareció en unas Olimpíadas fue en París, en 1900, como homenaje al guerrero mítico Hércules, al que se consideraba el primer arquero de la Historia. En los Juegos Olímpicos de San Luis (1904) y los de Inglaterra (1908) se tomaron en serio esta modalidad, aunque luego cayó en el olvido.  Tuvieron una representación fugaz en Bélgica (1920) aunque aún tendrían que pasar otros 52 años hasta que el tiro con arco se consolidase como deporte olímpico.

Hay famosas leyendas entre las que se encuentran, la del arquero suizo del siglo XIV Guillermo Tell le fue ordenado por un gobernador austriaco disparar con un arco y una flecha a una manzana situada sobre la cabeza de su propio hijo.   También aparece a finales del siglo XIV o principios del XV la historia de Robin Hood, un proscrito que fue glorificado por robar a los ricos para dárselo a los pobres y que se hizo famoso por su afinada puntería con el arco, siendo capaz de partir una flecha con otra. La introducción gradual de la pólvora dejó al arco y las flechas obsoletos, especialmente en el oeste de Europa a partir del siglo XVI.
El arco y la flecha, han sido desde siempre herramientas fundamentales para la supervivencia de la humanidad. Gracias a ellas el hombre se convirtió en cazador. Las mismas presas ya le proporcionaban una amplia gama de materiales, como por ejemplo huesos, tendones, herramientas, abrigo, ropas e incluso una dieta rica en proteínas.