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La Batalla de Little Big Horn ha pasado a la historia como la mayor derrota del ejercito de los Estados Unidos durante las Guerras Indias,vamos a ver los detalles de la batalla.

 

Desarrollo del conflicto

El gobierno, decidió organizar una expedición militar para expulsar por la fuerza a los ahora “hostiles” del territorio que formalmente se les había reconocido apenas ocho años atrás. En febrero de 1876, se iniciaron los preparativos. Se preveía una campaña larga y extensa, habida cuenta de las dificultades del clima y la inmensidad del territorio que se debía recorrer. En una primera expedición punitiva, el general George Crook partió el primero de marzo de 1876 hacia los valles del Yellowstone y el Río Powder, con la misión específica de destruir la aldea del jefe Sioux Caballo Loco y otras bandas hostiles mencionadas por el Inspector Indio E. C. Watkins . Sin embargo la expedición debió abortar ante el terrible frío imperante y otros factores que forzaron el retorno de la tropa a Fort Laramie, quedando de hecho las acciones suspendidas. El Gobierno concluyó que era conveniente aguardar a la primavera y enviar una fuerza más numerosa para asegurar el éxito de la operación. El teniente general Phillip Sheridan, estratega de las campañas militares contra los indios, era partícipe de métodos violentos para forzar la reclusión de los indígenas en las reservas. Su principio básico era la aplicación de la guerra total y sin contemplaciones. Por instrucciones del Departamento de la Guerra procedió a diseñar un nuevo plan para capturar a los Sioux. En tal sentido adoptó una estrategia de pinzas, que consistió en la formación de tres columnas que marcharían en maniobra envolvente desde diferentes puntos y que debían converger entre el límite de Montana y Wyoming, donde supuestamente se encontraban las tribus hostiles.

Paralelamente a estos hechos. El coronel George Custer jefe del 7.º regimiento de caballería había sido convocado para testificar en Washington ante una comisión del Congreso norteamericano que investigaba irregularidades cometidas por el Secretario de Defensa del presidente Grant, que involucraba comisiones y negociados en la administración de agencias indias y las concesiones que servían al abastecimiento de los puestos militares en la frontera del oeste. En su intervención, Custer, que desarrolló una relación particular con los indios, mezcla de paternalismo y desprecio, abogó esta vez por los derechos de los Sioux y Cheyennes, denunció las duras condiciones en las reservas y hasta llegó a implicar al hermano del presidente en las irregularidades que se venían cometiendo. Por estas declaraciones, fue sancionado por el Presidente de los Estados Unidos. big_horn4

Enterado de la organización de la expedición, Custer, cuyas ambiciones políticas de alcanzar la Casa Blanca eran más que evidentes, hizo lo posible e imposible para integrarse en ella. Al parecer consideraba que una campaña victoriosa contra los indios era vital para mantener su prestigio y catapultarlo hacia la presidencia. Un libro escrito por él, de gran éxito, “Mi vida en las praderas” había ayudado a promocionar su imagen, pero requería además la gloria que implicaba un triunfo militar contra aquellos considerados como los enemigos de la civilización. Sin embargo, el Presidente Ulisses Grant había dispuesto que Custer, al fin y al cabo sancionado, simplemente fuera marginado de la campaña. El impetuoso oficial tuvo que solicitar su inclusión a todos los niveles posibles. El 6 de mayo dirigió una carta al Presidente en los siguientes términos:

“He visto que sus órdenes, transmitidas a través del general del ejército disponen que no se me permita acompañar la expedición que pronto avanzará contra los indios hostiles. Como mi regimiento al completo forma parte de la expedición y como yo soy el oficial de más alta graduación de dicho regimiento, respetuosamente, pero con la mayor brevedad, solicito que si bien no se me conceda el mando de la expedición, al menos se me permita servir con mi regimiento en el campo. Le pido a usted, como soldado, que me libre de la humillación de ver marchar a mi regimiento a encontrarse con el enemigo y que yo no pueda compartir sus peligros”.

Presiones de la prensa y la intervención de los generales Sheridan y Sherman, muy cercanos a Ulisses Grant, convencieron al Presidente para devolverle el mando del Séptimo de Caballería. Custer sin embargo sufrió un duro revés cuando se dispuso que la columna que partiría de Fort Lincoln fuera comandada por el brigadier general Alfred Terry. Grant había cedido, pero sólo hasta cierto punto; Custer se mantendría al frente de su regimiento, pero la expedición en su conjunto marcharía bajo la conducción de un oficial de mayor jerarquía.

En mayo de 1876 comenzó la campaña. La primera columna, compuesta por mil trescientos hombres al mando del brigadier general George Crook avanzó hacia el norte, desde el reconstruido Fort Fetterman y Fort Laramie en Wyoming. La segunda columna, al mando del coronel del 7.º de Infantería John Gibbon, veterano de la guerra contra México y los Seminolas incursionó por el este, desde el Fort Ellis en Montana. Gibbon contaba con 6 compañías del 7.º de Infantería, 4 compañías del 2.º de Caballería, 25 exploradores Crows y una batería Gattling. En total 401 hombres. Por su parte el ejército del brigadier general Terry partió de Fort Lincoln, en el territorio de Dakota el 17 de mayo. Esta fuerza estaba integrada por tres compañías y media del 6.º de Infantería, dos compañías del 17.º de Infantería, una batería Gatling y el 7.º de Caballería con sus doce escuadrones y sus 35 exploradores Arikaras. Ciento cincuenta vagones; cabezas de ganado; y provisiones. En el camino fueron reforzados por una compañía del Sexto de Infantería y otro cañón Gatling. Esta fuerza sumaba en total, 40 guías Arikara, 45 oficiales, 968 soldados y 170 civiles, poco más de 1,200 hombres, de los cuales unos 700, incluidos 32 oficiales, pertenecían al Séptimo de Caballería. Esta era, en consecuencia, la más importante de las tres columnas. Mientras tanto, la prensa y diversos sectores de la población exigían expulsar a los indios a la fuerza para dar paso al avance del hombre blanco. El 17 de junio, en plena campaña, el diario Tribune de Bismarck escribió:

El pueblo americano necesita las tierras que hoy ocupan los indios; mucha de nuestra gente esta desempleada; las masas necesitan nuevos desafíos. La guerra ha concluido... la depresión prevalece en cada mano. Una guerra india no hará daño, pues debe venir, tarde o temprano”.

La posición oficial del Gobierno sin embargo se presentaba diferente. El Presidente Grant declaró al Congreso que:

Las presentes operaciones militares no se dirigen contra la nación Sioux, sino contra elementos hostiles de ella que desafían al Gobierno, y se realizan de conformidad a lo solicitado por la Comisión de Asuntos Indios. Ninguna de estas operaciones se efectúa dentro de o cerca a la reserva Sioux. El descubrimiento accidental de oro en la frontera occidental de la reserva Sioux y la intromisión de colonos dentro de esta no ha causado la guerra, sino que la ha complicado. Los jóvenes guerreros aman la guerra y frecuentemente escapan de sus agentes para ir de caza o a pelear, que es su único objetivo en la vida. La razón de esta expedición militar es por el interés del mayoritario sector pacífico de la nación Sioux, que comprende al menos nueve décimas partes del total y ninguno de estos indios pacíficos ha sido molestado por las autoridades militares”.

big_horn5 Al salir de Fort Lincoln, el Séptimo, fue dividido en dos alas, la derecha, bajo el mando del mayor Marcus A. Reno y la izquierda comandada por el capitán Frederick Benteen. El 7 de junio Terry alcanzó la confluencia de los ríos Powder y Yellowstone, de donde continuó al encuentro del coronel Gibbon el día 9. El ala izquierda del Séptimo de Caballería, al mando de Reno y con un cañón Gatling de apoyo, realizó una misión de exploración por el río Powder, para continuar al río Tongue y de ahí retornar. Al parecer Reno se excedió en las ordenes, pues continuó hasta el oeste de Rosebud Creek, donde finalmente descubrió el rastro indio, el cual siguió por cerca de 75 kilómetros antes de volver al Yellowstone. El 16 de junio la columna de Terry llegó al lugar donde se hallaba un cementerio Sioux, confirmación de que iban por el camino correcto. El 21 se encontró con la columna del coronel Gibbon.

Por su parte, el 17 de junio, el general Crook alcanzó el valle del Rosebud, lugar donde sufrió un violento e inesperado ataque por parte de unos mil indios Oglala-Lakota, Cheyenne, Sans Arcs, Miniconjou, Hunkpapas y Pies Negros al mando de Caballo Loco. La batalla, que se prolongó durante varias horas, y ocasionó a la fuerza de Crook nueve muertos y veintiún heridos y pese a que causó entre treinta y cuarenta muertos a los indios, obligó al general a detener la marcha y replegarse. Al quedar dueño del campo, el general Crook se proclamó victorioso, dato que aceptaron sus contemporáneos. Pero de hecho Crook fue barrido por los indios y al día siguiente se retiró. La pinza de una de las tres columnas fue así desactivada. Caballo Loco celebró su triunfo uniéndose a Toro Sentado y llevando a los guerreros bajo su liderazgo al campamento donde se encontraba este último, reforzando así su poderío. Ignorantes de esta situación, el 22 de junio, a bordo del vapor Far West en el río Yellowstone, el general Terry y los coroneles Gibbon y Custer continuaron con el plan de acción. Se decidió que, al ser el regimiento de Custer más rápido y flexible que la infantería, debía avanzar primero y tomar posición frente a las fuerzas hostiles. Su primera responsabilidad era ubicar, según el rastro descubierto, el campamento indio, de conformidad con las siguientes pautas:

  1. Iniciar la búsqueda por el valle de Rosebud (donde se presumía que estaba el campamento).
  2. Bajar desde el sur en paralelo a los montes Wolf, al este de la supuesta posición.
  3. De allí avanzar por el oeste, hacia el valle de Little Big Horn, siempre pegado a la izquierda del río del mismo nombre para asegurar que los indios no escaparan hacia el este o el sur.
  4. Terry y Gibbon avanzarían por el Yellowstone, hacia el valle del Big Horn y de ahí hacia Little Big Horn.
  5. Juntos cercarían a los indios.
 Se acordó que la fecha de reunión de las fuerzas de Custer con las de Terry y Gibbon sería el 26 de junio, tras lo cual conjuntamente atacarían a los hostiles. El general Terry, anticipando el carácter impulsivo de su subordinado, fue enfático en reiterarle verbalmente que, una vez que localizara el campamento indio, por ningún motivo debía entablar combate y debía aguardar la llegada de la columna principal. Las instrucciones de Terry trasmitidas por escrito a Custer a través del asistente adjunto del general fueron las siguientes: “Coronel: El brigadier general al mando ordena que, tan pronto su regimiento esté listo para marchar, debe usted avanzar hasta el Rosebud en persecución de los indios, cuyo rastro fue descubierto por el mayor Reno hace unos días. Es imposible darle instrucciones definidas con relación a su avance, y como el Comandante del Departamento expresa su confianza en vuestra clase, energía y habilidad, no desea imponerle órdenes precisas que puedan afectar su acción cuando esté en contacto cercano con el enemigo. Él desea sin embargo indicarle sus puntos de vista sobre cual considera debería ser su proceder, y espera que usted se atenga a ellos, salvo que encuentre usted razones suficientes que lo desvíen de estos. El Comandante del Departamento piensa que usted debe avanzar hacia el Rosebud hasta comprobar en definitiva cual es la dirección hacia la que confluye el rastro. Si este es encontrado (y parece más que seguro que así será), debe usted continuar hacia el sur, quizás tan lejos como hasta la cabecera del río Tongue, y de ahí girar hacia el Little Big Horn, orientándose hacia su izquierda para impedir el escape de los indios por su flanco izquierdo. La columna del coronel Gibbon está ahora en marcha hacia la boca del Big Horn. Tan pronto como alcance ese punto, cruzará el Yellowstone y avanzará hacia la bifurcación del Little y el Big Horn. Evidentemente sus movimientos futuros estarán determinados por las circunstancias, conforme estas surjan, pero es de esperar que los indios, si se encuentran en Little Big Horn, puedan ser envueltas por las dos columnas de modo que su escape resulte imposible. El Comandante del Departamento desea que en vuestro camino a Rosebud usted examine detalladamente las alturas de Tullock Creek y envié un explorador hacia el comando del coronel Gibbon. El vapor de provisiones avanzará por el Big Horn tan lejos como el río sea navegable, y el Comandante del Departamento, quien acompañará a la columna del coronel Gibbon desea que usted se reporte a él no después de la expiración del tiempo del que sus tropas poseen raciones, salvo que en el intermedio usted reciba nuevas órdenes”.

Ese mismo día, Marco Kellog, el corresponsal adscrito del diario Tribune de Bismarck, que había reemplazado al editor titular C.A. Londsbury, envío el siguiente telegrama al diario:

Aquel sería el último despacho enviado por este corresponsal, que cuatro días después correría la misma suerte que los demás hombres del Séptimo. El coronel Gibbon por su parte había remarcado a Custer: “No sea usted impulsivo, espérenos”. Adoptada la estrategia, Custer partió en su misión con doce compañías -566 soldados y 31 oficiales- rechazando una batería Gatling. Tampoco aceptó reforzarse con cuatro compañías del Segundo de Caballería de la columna de Gibbon, ofrecidas por precaución. Custer consideraba que su regimiento era capaz de manejar sólo la situación. Argumentando una cabalgata forzada en busca de un enemigo rápido y escurridizo, descartó todo equipo pesado. Ordenó a la tropa dejar sus sables y ésta se hizo a la marcha armada con carabinas Springfield modelo 1873 calibre .45-70 con cien cartuchos por soldado y revólveres Colt .45 modelo 1872, con veinticuatro cartuchos por hombre. La fuerza total, incluyendo guías y civiles, consistía en 675 hombres. Los acompañaban una reata de mulas con las municiones suplementarias y provisiones para un máximo de quince días. El Séptimo de Caballería inició su recorrido en dirección al sur del valle de Rosebud. Los exploradores indios de avanzada, ubicaron el camino Sioux descubierto por Reno, tenía unos 300 metros de ancho y el regimiento lo siguió con cautela. Las huellas dejadas en el camino indicaban que un número considerable de indios habían cruzado por ahí. Conforme avanzaban, el rastro se hacía más marcado. Después de una marcha de 20 kilómetros, las tropas acamparon.

El 23 de junio el regimiento marchó casi cincuenta kilómetros más, encontrando en el camino rastros de aldeas indias, acampó aproximadamente a las cinco de la tarde. El 24 reanudó la marcha y durante el nuevo recorrido de 42 kilómetros, se descubrieron rastros cada vez más frescos. Poco después de acampar, a las 21:25 horas, Custer se reunió con sus oficiales y les expresó que, sin ninguna duda, el campamento se encontraba en el valle del Little Big Horn y enfatizó en señalar que, llegado el momento, no hallarían más de 1,500 indios, razón por la cual sustentó su negativa de aceptar el cañón Gatling y las cuatro compañías del Segundo de Caballería. Todo parece indicar sin embargo que las reales dimensiones del campamento parecían preocupar a Custer, pues antes de partir hacia Yellowstone algunos guías Arikaras le habían advertido que era gigantesca. Se desconoce entonces porque se engañó asimismo y de paso a sus oficiales. En todo caso, Custer consideró que, para llegar al campamento enemigo, se hacía imperativo cruzar el río que dividía el valle del Rosebud del Little Big Horn, pero que ello sería imposible hacerlo a la luz del día sin ser descubiertos. Ordenó entonces que la tropa se preparara para reanudar la marcha a las 23:00 horas.

 


25 de Junio de 1876, Little Big Horn, territorio de Montana

A las 02:00 horas del día 25, los guías señalaron que sería imposible cruzar el río antes del amanecer. La tropa descansó por tres horas y a las cinco de la madrugada se reanudó la marcha. A las 08:00 horas la fuerza llegó finamente al valle del Little Big Horn. Poco después, los guías indios avistaron lo que podía ser el poblado indio. A media mañana, Custer fue llevado a una elevación (Crown Nest) desde donde los exploradores decían que veían un gran poblado, y si bien él personalmente no distinguió nada, ni con binoculares, confió en lo que sus guías le señalaban.

Sin hacer caso a las advertencias de los exploradores que aseguraban que era el campamento más grande que jamás habían visto y que exclamaban ¡Otoe Sioux! (¡Muchos Sioux!), el efusivo oficial, entusiasmado por el descubrimiento, sin aguardar a las fuerzas de Terry y Gibbon, ni calibrar el poder del enemigo, presa de su espíritu vehemente y la ambición de lograr la gloria personal, decidió atacar. Existen diversas versiones de porqué adoptó tan controvertida decisión. La primera, la más posible, indica la intención de originar una batalla convencional, en la creencia que tras una breve escaramuza, los indios se desbandarían hacia el norte por donde avanzaban las otras dos columnas. La segunda, que pensó que sólo había mujeres y niños, y que podría capturar fácilmente la aldea y forzar la rendición de los guerreros que presumió se encontraban de caza. Sin embargo no se contempló la posibilidad de parlamentar o presentar un ultimátum. Hay otra circunstancia que puede explicar la apurada decisión: En diez días, es decir, el 4 de julio, se celebraba no sólo el centenario de la independencia de los Estados Unidos sino también la convención del partido demócrata para nominar los candidatos a la presidencia. Custer habría pensado que un triunfo militar, contra la mayor horda de indios rebeldes, sin la sombra de Terry, sería importante para impulsar su nominación a la primera magistratura de su país.

A media mañana del domingo 25, el regimiento avanzó hasta colocarse a unos 20 kilómetros al sur del campamento. Cuando Custer anunció su intención de atacar, algunos expresaron su opinión en contra y los guías reiteraron que había más indios de lo que los soldados podían combatir. Los exploradores Arikaras llegaron a un lugar donde se erigía un tepee solitario que servía de enterramiento a un guerrero Sans Arc muerto en la batalla de Rosebud unos días antes. Fue entonces cuando el interprete civil de los Arikaras, Fred Girard, observó como un grupo de indios cruzaba el valle. Cabalgando hacia Custer Girard le informó: “Ahí están sus indios, corriendo como diablos”. Custer prestó poca importancia a este hecho y se mantuvo en su decisión y no aceptó mas divergencias. Dividió su regimiento en cuatro batallones. El personalmente comandaría el primero de ellos compuesto por las compañías, C, E, F, I y L, con un número aproximado de 221 efectivos al mando de los oficiales Thomas Custer, Smith, Yates, Keogh y Calhoun, respectivamente. De este grupo el segundo al mando era el capitán Yates y el tercero el capitán Miles A. Keogh. El segundo batallón, con las compañías A, G y M (175 hombres), quedó bajo el comando del mayor Reno, el tercer batallón, con las compañías D, H y K, fue puesto a órdenes del capitán Frederick Benteen (120 hombres), mientras que el último, compuesto por la compañía B, al mando del capitán Mc Dougal (175 hombres), permanecería al cuidado de las municiones y provisiones. El número de cada compañía fluctuaba entre cuarenta y cincuenta hombres. Algunos oficiales pensaban que era necesario mantener el regimiento completo, pues al parecer se trataba de un campamento muy importante. El capitán Benteen fue explícito en este sentido y se opuso a la división. Custer, parco y enérgico, se limitó a responderle que cumpliera las órdenes.

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Se desconoce porqué tácticamente, aquel fatídico domingo el comandante dividió sus fuerzas en medio de territorio hostil. Se ignora también porqué creyó que con sólo un regimiento podía hacer lo que hubiera demandado todo un ejército. Una respuesta podría ser su confianza en la suerte, factor que lo acompaño en las temerarias cargas de caballería efectuadas durante la guerra civil. Si la suerte lo acompañaba como antes, Custer, vencedor de la mayor horda de indios congregada en América del Norte, sería el próximo presidente de los Estados Unidos. Otra respuesta podría encontrarse en la idea de aplicar el mismo procedimiento utilizado varios años atrás contra el campamento de Black Kettle en el río Washita. Una última respuesta obedecería a que Custer había ideado una estrategia de guerra convencional sin tomar en cuenta que las fuerzas oponentes se caracterizaban por su irregularidad y que sus reacciones obedecían a patrones muy distintos a los propios. A continuación, en un operativo considerado improvisado y sin sustento, producto del apuro y el ímpetu del comandante, ordenó a Benteen salir con su fuerza a explorar el sur en paralelo a la línea de los montes siempre manteniéndose al lado izquierdo e informarle de inmediato si observaba indios en ese sector. Benteen avanzó cerca de 16 kilómetros y al no encontrar nada decidió hacer uso de las órdenes alternativas, es decir, retornar con su batallón y seguir el rastro dejado por su comandante.

Por su parte, Custer y Reno se internaron en el valle del Little Big Horn desde dos flancos. A las 11:00 horas, Custer ordenó que el batallón del mayor, que iba por el flanco izquierdo, se le fuera acercando. Sobre las 14.15 Custer mandó a Reno la siguiente orden. “Los indios están a tres kilómetros de distancia. Muévase lo más rápido que pueda hacia delante y cargue contra todo lo que encuentre. Yo le apoyaré”. La maniobra era clara, pretendía atacar el poblado por dos partes.

Cumpliendo la orden de su superior Reno avanzó rápidamente hacia el río Little Big Horn, la aldea efectivamente y conforme a los cálculos, resultó encontrarse a poco más de tres kilómetros río arriba. Durante esta operación, Reno envió dos mensajes a Custer confirmando que el poblado indio se encontraba frente a él y que se presentaba “bastante fuerte”. Todo parece indicar, que hasta ese momento los vigías Sioux no se habían percatado de la presencia del ejército norteamericano y no esperaban un ataque, pues no suponían que se encontraría su rastro y en consecuencia el campamento, con tanta celeridad.

El campamento, de unos cinco kilómetros de extensión a lo largo del río, estaba dividido en siete círculos, correspondientes a igual número de tribus, ubicados correlativamente de la siguiente manera, de sur a norte: Los Hunkpapas, los Pies Negros, los Sans Arc, los Miniconjou, los Oglala, los Brule y los Cheyenne. Había también un grupo de tiendas con indios Arikara y otras albergaban a un grupo de Two-Kettles. El jefe principal de los Sioux era Tatanka-Iyotanka, o Toro Sentado, de los Hunkpapa Lakota. Otros jefes eran Gall, de los Lakota Siounan, Caballo Rojo de los Minneconjous, Lluvia en el Rostro y Dos Lunas, de los Cheyennes del norte y Tashunca-uitco o Caballo Loco líder de los Oglala Sioux o Teton Lakota, considerado uno de los más grandes guerreros indios. Los jefes Sioux y Cheyenne, tenían bajo su responsabilidad el mayor campamento indio jamás levantado en la historia de norteamérica, que comprendía más de mil tepees, entre seis mil y nueve mil nativos y cerca de treinta mil animales, lo cual constituía una fuerza inimaginable para los estándares estratégicos de los militares norteamericanos, acostumbrados a atacar campamentos dispersos y pequeños.

Mientras Reno iniciaba la maniobra, Benteen, a seis kilómetros por detrás volvió al rastro de Custer hacia las 14.30. Sus soldados trotaron hacia el río y abrevaron sus caballos por espacio de 20 minutos. Hacia las 14.45 Reno se aproximó al río y avanzó por el soto. Hacia la misma hora 3 kilómetros río arriba Custer paró y abrevó a sus caballos. Las tropas de Reno también se detuvieron para que sus caballos pudieran beber. En ese momento no había sentido de urgencia y nada parecía presagiar nada grave. Custer cabalgó por delante de su comando hasta unas alturas para tener una mejor vista del valle. Reno después de recomponer su columna tras cruzar el río, se encontró con un terreno llano que llegaba hasta el comienzo del campo indio. Pudo ver una parte del gran campamento y observó una gran actividad. Reno en cumplimiento de las instrucciones recibidas colocó a dos de sus compañías en línea y dejó a la tercera detrás en reserva. Los exploradores indios se adelantaron por su izquierda intentando dispersar o capturar la manada de póneys de los indios. Una vez hecha esta maniobra cargó a lo largo del valle hacia el campamento, dirigiéndose al sector sur donde estaba el círculo de tepees de los Hunkpapas. Eran alrededor de las 15.05. Las tropas de Reno mientras trotaban hacia el poblado pudieron ver al otro lado del río, sobre los acantilados la compañía C montada en sus caballos grises. Algunos contaron más tarde que llegaron a ver a Custer saludándoles con su sombrero. Custer desde las alturas podía ver mucho mejor que Reno el poblado, pero sólo una porción, no todo. Mandó al sargento Daniel Kanipe de la compañía C con un mensaje para el capitán McDougal, para que éste avanzara con el tren de aprovisionamiento hacia adelante. Cuando el capitán Keogh se acercó, Custer le dijo: “Keogh, algunos indios están huyendo. Pero si los persiguiéramos perderíamos la mitad de los caballos de la columna”. Unos pocos de los soldados que en aquellos momentos estaban con él, se salvaron por que sus caballos estaban tan agotados que no pudieron seguir más.


Carga del Mayor Reno

Reno colocó a la compañía que mantenía en reserva en la línea y cargó contra el poblado. Medio centenar de guerreros salió a su encuentro para pelear. A 200 metros ordenó un alto. El caballo del soldado James Turley salió disparado hacia el poblado, nunca fue encontrado. El batallón de Reno desmontó, un hombre de cada cuatro se hacia cargo de los caballos. Se formó una línea de escaramuza de unos 100 soldados que comenzaron a disparar contra los guerreros que salieron a su encuentro. Eran las 15.15 y la resistencia india se incrementaba por momentos. Más y más guerreros que habían conseguido hacerse con un póney salían al encuentro de los soldados . El flanco derecho de Reno estaba seguro en la orilla del río pero el izquierdo encontraba en campo abierto. Reno en ese momento sólo había perdido un hombre. Pero a las 15.30 temiendo ser rodeado ordenó una retirada hacia la protección del soto en la orilla del río. En esta retirada Reno comenzó a perder el control y tuvo 9 muertos. En ese momento del combate hizo por primera vez acto de presencia Caballo Loco, Toro Pequeño le grito: “Llegas tarde, te has perdido la lucha”. 

big_horn7 Cuando Reno comenzó el combate (15.15), Custer movió su batallón hacia delante. El ayudante de Custer, teniente Cooke recibió un mensaje del explorador Fred Girard comunicándole: “Los indios no huyen, están saliendo al encuentro de Reno”. Custer, Cooke y una pequeña escolta cabalgaron hacia los acantilados. Ahí fue donde Custer por primera vez vio el campamento entero, y la gran masa de indios que allí se congregaban. Cientos de no combatientes, ancianos, mujeres y niños estaban poniéndose a cubierto hacia el norte, mientras los guerreros continuaban saliendo al encuentro de Reno. Custer volvió junto a su columna y mandó un segundo mensaje a Benteen con el trompeta Giovanni Martini, un inmigrante italiano que apenas chapurreaba inglés. Cooke escribió la famosa nota que habría de convertirse en la última señal de Custer. “Benteen venga. Gran campamento. Venga rápido. Traiga la munición. P.S. Traiga la munición”. Custer necesitaba más soldados para continuar con la ofensiva. Se mantenía a unos 100 metros de la otra orilla del río donde Reno estaba combatiendo. Este es el punto decisivo de la batalla de Little Big Horn. Son las 15.45, ha comprobado la gran magnitud del campo indio y ha visto como Reno ha comenzado las hostilidades.


Reno pierde el control de la situación

La rivera del río formaba un parapeto natural muy apropiado para la defensa. Las tres compañías formaron un delgado perímetro defensivo, manteniendo los caballos y la munición adicional en el centro. Los guerreros rodearon la posición, algunos cruzaron el río para atacarles por la espalda. Otros intentaban infiltrarse entre los árboles, los arbustos y la orilla del río. En la confusión reinante Reno perdió el control de sus soldados. Se defendió por espacio de 20 minutos pero sorpresivamente decidió retirarse. Sin toque de trompeta, el mayor Reno ordenó montar a su batallón. Dio instrucciones para que formaran en columna de cuatro. Hubo muchos soldados que no escucharon estas ordenes, algunos guerreros aprovecharon la confusión para acercarse y disparar una salva casi a quemaropa. Un soldado exclamó que había sido tocado. El explorador favorito de Custer, el Arikara Cuchillo Sangriento que estaba montado al lado del mayor Reno recibió un disparo en la cabeza que esparció sus sesos y sangre sobre la cara y el uniforme de Reno. Reno claramente nervioso dio ordenes y contraordenes mandando sucesivamente montar y desmontar. Reno había perdido su sombrero y se había puesto un pañuelo rojo alrededor de la frente. Con la mirada propia de un loco, salió a todo galope del soto dirigiéndose hacia el río. Gritó a sus soldados: “¡Todo aquel que quiera salvar su vida que me siga!”. La retirada rápidamente se convirtió en una masa confusa de soldados huyendo llenos de pánico (Cuando el ejercito más tarde hizo una investigación sobre la batalla. El mayor Reno afirmó que la acción para volver a cruzar el Little Big Horn había sido una carga, no una retirada). Cuando los indios vieron como los soldados estaban en franca huida, los acometieron por todas las partes explotando su vulnerabilidad. Murieron 19 soldados y 17 desaparecieron. Muchos soldados quedaron aislados en el soto. El explorador civil Charley Reynolds murió cuando su caballo fue derribado e intentaba hacerse con uno que estaba sin jinete. El teniente McIntosh, comandante de la compañía G, perdió su caballo pero un soldado le prestó el suyo, fue rodeado por unos 20 indios y murió. El soldado que le dejó su caballo consiguió salvarse escondiéndose entre la maleza de la orilla del río. La desbandada de los soldados vino perfectamente a los guerreros indios, que tan sólo tuvieron que utilizar la misma táctica que usaban en la caza del búfalo. Montados en caballos frescos acosaban y disparaban a los soldados desmontándolos con facilidad. El interprete civil Isaiah Dorman (único hombre negro de toda la expedición) se volvió y disparó a un indio, fue rodeado, mataron a su caballo y él quedó atrapado debajo de el, fue muerto y escalpado por los guerreros. No hubo tropas que protegieran la retaguardia. El capitán Moylan y el teniente Varnum intentaron detener a algunos soldados para formar un pelotón que cubriera al resto, pero fue imposible, el pánico había hecho mella y cada cual procuraba sólo por si mismo intentando llegar a la otra orilla del río.

Era alrededor de las 16 horas, Reno había estado una hora en el valle. Perdió a la mayoría de sus soldados en los 5 fatídicos minutos que empleó en volver a cruzar el río. Muchos guerreros disparaban prácticamente a quemaropa, otros se lanzaban a por los soldados que quedaban desmontados en la corriente. El ayudante de Reno, teniente Hodgeson fue herido y desmontado al cruzar el cauce, se agarró al estribo de un soldado que lo arrastró fuera del río, al llegar a la orilla le dispararon y murió. Un cabo de la compañía G mató a un indio, desmontó y le quitó la cabellera. A continuación la agitó enseñándola a los guerreros que estaban en la otra orilla. Los últimos soldados de Reno cruzaron el río bajo un intensísimo fuego y perdieron 16 hombres más.

Los exhaustos soldados se vieron obligados a desmontar y asirse a las colas de sus caballos para trepar por los acantilados en busca de una posición defensiva. Varios soldados, incluido el cirujano Doctor De Wolf se equivocaron de acantilado y subieron a uno ocupado por los indios. Rápidamente fueron rodeados, muertos y escalpados a la vista de sus compañeros. Algunos soldados se recompusieron un poco y dispararon a los hostiles que les perseguían. El teniente Luther R. Hare abrió fuego y lanzó el grito rebelde de guerra: “Si tenemos que morir, lo haremos como hombres. Soy un hijo de puta luchador de Texas”.

Hacia las 16.10 llegaron a la cima de la colina los últimos soldados de Reno. De los 175 hombres que componían el batallón, 40 habían muerto, tres de ellos eran oficiales. Otros 37 estaban desaparecidos. Había también 13 heridos. 17 de los desaparecidos que se habían quedado en el soto consiguieron reintegrarse al batallón sanos y salvos. Los guerreros pararon su persecución. Dejaron un retén con unas docenas de hombres para fijar a Reno en la cima de la colina y el resto giró hacia el norte al encuentro de Custer.

 


Llega el capitán Benteen

Hacia las 15.38 el capitán Benteen encontró al correo de Custer sargento Kanipe. Pocos minutos antes el sargento se había cruzado con el hermano menor de los Custer, Boston, que estaba ansioso por reunirse con sus hermanos y participar en el combate. En aquellos momentos se oía un violento tiroteo, el mayor Reno ya había comenzado su combate. Kanipe les gritó: “Muchachos, ya los tenemos cogidos”. Y continuo cabalgando para entregar el mensaje al capitán McDougal. A las 15.42, Kanipe contactó con el tren de aprovisionamiento. A las 15.53 el trompeta Martini entregó el mensaje de Cooke a Benteen. El caballo de Martini esta herido por una bala pero expresó su opinión de que los indios estaban huyendo. Benteen decidió no esperar al aprovisionamiento y trotó con su comando hacia delante. Algunos guías Arikaras pasaron con algunos póneys que habían separado de la gran manada india. Los exploradores señalando hacia el oeste le dijeron a Benteen que había muchos Sioux. El sonido del combate se intensificaba por momentos. En la distancia Benteen pudo ver como los hombres de Reno ascendían a la colina. A si mismo los guerreros que perseguían a Reno vieron la columna de polvo que levantaba el batallón de Benteen y se retiraron hacia el poblado, dejando unos pocos guerreros para hostilizar a Reno. A las 16.20 Benteen llega a la colina ahora llamada Reno Hill. Reno exclamó: “¡Por el amor de Dios Benteen, detenga su comando y ayúdeme! He perdido a la mitad de mis hombres”. Reno todavía estaba en shock, no había conseguido recuperar el control de la situación. Todavía no había organizado la defensa de la colina. El capitán Weir con su compañía formó una línea defensiva y comenzó a batirse con el puñado de guerreros que les hacían fuego desde abajo. Benteen mandó a sus hombres que distribuyeran munición entre los desmoralizados y derrotados hombres de Reno. El mayor Reno mandó a buscar el cuerpo de su ayudante el teniente Benjamín H. Hodgeson muerto al cruzar el río mientras los restos de su batallón se organizaban en la cima de la colina. A las 16.40 salió el teniente Hare en busca de los suministros para avanzar con las mulas que portaban la munición.

La última posición de Custer
Desde siempre se ha pensado que Custer había atacado por el centro del campamento. Los indios primero le habían detenido y luego forzado a cruzar de nuevo el río, obligándole ha emprender la retirada. Custer entonces intentó llegar a la cima de una colina, y allí se desplegó esperando que llegaran fuerzas en su auxilio. Caballo Loco fue el jefe que dirigió la maniobra y en poco menos de 30 minutos el séptimo regimiento fue rodeado y aniquilado hasta el último hombre. Este sensacional y fatal relato se debe en su mayor parte a Elizabeth Custer (esposa de Custer). Estas teorías eran inciertas e infundadas como han demostrado las excavaciones arqueológicas que se han realizado en el campo de batalla en los últimos años. El desarrollo final de la batalla fue mucho más complejo. GENERAL_CUSTER

 

Custer desciende al valle de Little Big Horn

El batallón continuaba todavía en las alturas (Medicine Tail Coulee) cuando a las 16 horas, el explorador mestizo Mitch Boyer y el guía indio Curley de la tribu Crow, informaron a Custer de la retirada de Reno. Custer licenció a los dos scouts. Boyer prefirió quedarse y Curley se fue en dirección este kilómetro y medio. Desde allí, disfrazado con la manta de un guerrero Sioux muerto, vio la derrota de Custer. Cuando Curley se fue, Custer dividió a sus 5 compañías en dos grupos. El ala izquierda al mando del capitán George W. Yates con las compañías E y F. Y el ala derecha al mando de Custer con las compañías C, I y L. Mandó al ala izquierda de Yates, que contaba con unos 80 hombres en aquel momento, bajar hacia el campo indio con la intención de atacar por la retaguardia a las fuerzas que asediaban a Reno. Fue localizado un vado (The Medicine Tail Ford) hacia el centro del poblado. Sólo 10 o 12 guerreros aparecieron a la vista de la compañía E que era la que iba en vanguardia, eran las 16.10. El destacamento se acercó al vado y disparó al otro lado del río para alejar a los guerreros. Un par de soldados fueron alcanzados por disparos cuando comprobaban si el río se podía cruzar por allí. La compañía F que se había quedado 400 metros por detrás para proteger el avance hizo unas cuantas descargas hacia el poblado. El Sioux White Cow Bull devolvió el fuego a los soldados. El Oglala He Dog llegó al vado e hizo unos disparos al aire para llamar la atención de más guerreros. La batalla había comenzado una hora antes y la mayoría de los hostiles estaban combatiendo a Reno, los no combatientes huían hacia el norte. Comenzaron a llegar más y más indios y cruzaron al otro lado del río, los soldados de la compañía E se retiraron en buen orden. Yates empleó una buena retaguardia para proteger su retirada hacia la ahora llamada Calhoun Hill donde se reunieron con el resto del comando. En esos momentos han pasado ya 30 minutos desde la retirada de Reno. A las 16.30 las dos alas, izquierda y derecha se reagrupan por un breve momento en Calhoun Hill. Los Sioux siguen a Gall y los Cheyennes a Dos Lunas y Lame White Man por los barrancos, otros muchos guerreros están cruzando el río 3 kilómetros hacia al norte comandados por Caballo Loco. Las tácticas de rodeo de los Sioux comienzan a funcionar. El batallón de Custer todavía está a la ofensiva. Llega a la posición Boston Custer. Su llegada da importantes noticias a Custer. Ahora sabe que tanto el sargento Ryan Kanipe como el trompeta Giovanni Martini han entregado sus mensajes a Benteen y McDougal. En consecuencia piensa que Benteen ya está en camino. Y por su hermano que ha pasado, sabe que el camino está despejado, los indios todavía no lo bloquean.

 

Huida de los no combatientes

El fin de la campaña, era conseguir que los indios hostiles volvieran a las reservas. Custer sabía que el modo más efectivo de lograrlo, era destruyendo sus posesiones, y capturando a los no combatientes y su ganado. Después de la escaramuza en el vado, la mayoría de mujeres y niños han huido hacia al norte escondiéndose en una serie de arroyos y barrancos llamados Squaw Creek. De acuerdo con los comentarios del superviviente Giovanni Martini, Custer había expresado esos deseos, atacar a las familias y capturar la manada de póneys. Esto causaría mucha consternación a los guerreros, les debilitaría la moral y les forzaría a la rendición. Cuando llegara Benteen y el tren de carga, pensaba que tendría suficientes soldados para conseguirlo.

big_horn8 Inmediatamente después de la convergencia de las dos columnas en Calhoun Hill. El ala izquierda de Yates continuó hacia el norte buscando un vado al otro extremo del poblado e intentando localizar a los no combatientes, marchaba con orden y con un pelotón protegiendo el flanco. El batallón de Custer se desplegó en Calhoun Hill esperando los refuerzos. La compañía L al mando del teniente James Calhoun (cuñado de Custer, estaba casado con Maggie hermana de Custer), se desplegó en línea. Las compañías C y L quedaron en reserva. Custer y sus ayudantes posiblemente acompañaran a Yates en su reconocimiento. Mientras tanto, Caballo Loco y sus guerreros cruzaron el Litlle Big Horn al norte del poblado para girar después hacia el este. Gall se aproximaba a Calhoun Hill por el sur. El jefe Cheyenne Lame White Man lo hacía por el oeste. La bolsa se estaba cerrando y las 5 compañías en breves momentos estarían irremisiblemente cercadas por un enemigo muy superior en número y en potencia de fuego. El batallón de Custer espera a Benteen mirando hacia al sureste. Yates regresa de su reconocimiento y se asienta en Cementery Ridge, colina situada al lado de Calhoun Hill. La escaramuza comenzó y continuó unos 20 minutos. Más y más guerreros seguían acudiendo.


Caída de Calhoun Hill

El comandante del ala derecha capitán Miles W. Keogh, dispuso sus tres compañías según el libro de texto de la Caballería de los Estados Unidos. La compañía L de Calhoun formó un semicírculo donde comenzaba la pendiente de la colina. Los soldados que sujetaban los caballos estaban por detrás. Las compañías I y C estaban desplegadas en reserva en la parte más alta de la colina, cerca de la cresta. El número de guerreros se incrementaba minuto a minuto. La compañía L estaba ya envuelta en un violento combate y sus caballos se encontraban en un serio peligro. El capitán Keogh ordenó al teniente Harington de la compañía C que cargara contra un grupo de guerreros y aliviara la presión que soportaba Calhoun. La carga fracasó por que los soldados quedaron expuestos al fuego que venía desde los barrancos cercanos. Los supervivientes se retiraron de nuevo hacia la cima perseguidos por jinetes liderados por el jefe Cheyenne Lame White Man. La compañía L protegió la retirada de la compañía C. El combate continuaba con extrema violencia, algunos de los soldados perdieron la compostura y huyeron, este hecho envalentonó a los guerreros que cargaron contra ellos desde varias direcciones. Los indios atacaban tanto a caballo como a pie, se produjo un feroz combate cuerpo a cuerpo. Este fue el punto donde la lucha se hizo más intensa y donde los indios tuvieron más bajas. El jefe Cheyenne Lame White Man encontró aquí la muerte. El guerrero Cheyenne Nariz Amarilla, capturó el guión de la compañía L. Algunos soldados fueron muertos mientras huían, otros que permanecían agrupados y se defendían con valor fueron fácil blanco de las flechas. El teniente Calhoun, llamado el “adonis del séptimo” murió en uno de esos pequeños grupos.


Avance del capitán Weir

A pesar de escuchar un nutrido tiroteo río arriba, Benteen y Reno decidieron no avanzar hacia Custer hasta que no llegara el tren de aprovisionamiento. Muchos de los hombres escucharon descargas cerradas y especularon con que quizás se trataba de una señal de Custer pidiendo auxilio. El capitán Wier, extremadamente leal a Custer y que había visto el mensaje que Custer había mandado con el trompeta Martini, avanzó con su compañía hacia el sonido de los disparos a las 16.50. El teniente Hare con las mulas que acarreaban las municiones llegaron 20 minutos después, a las 17.10. A las 17.12 Benteen con las compañías H, K y M avanzó. El capitán Wier al mando de la compañía D, llegó al punto que ahora se conoce como Wier Point a las 17.20. Benteen venía por detrás y Reno también se movió hacia delante con las otras tres compañías, las municiones y los heridos.

Desde Wier Point, los oficiales escrutaron el horizonte con sus prismáticos buscando señales de Custer. Podían ver claramente a su izquierda el gran campamento indio, pero el humo de la pólvora oscurecía las suaves colinas hacia el norte. Wier vio uno de los guiones de “cola de golondrina” flameando con un jinete. Una inspección más atenta reveló que se trataba de una banda de indios que lo había capturado. El teniente Edgerley (llegó a general del ejercito de los Estados Unidos) contó: “Nosotros vimos a un buen número de indios galopando y disparando a objetos que estaban en el suelo”. Años más tarde admitió: “Pudimos ver los cuerpos de los hombres y los caballos de Custer entre un enjambre de indios”. Esos eran los últimos instantes de Custer. Cuando el tiroteo decayó, los victoriosos guerreros comenzaron a converger en Wier Point. Las cuatro compañías mantuvieron una corta escaramuza, pero la posición en que se encontraban era indefendible. A las 18 horas Benteen ordenó la retirada hacia Reno Hill. La compañía K formó la retaguardia y tuvo un muerto. El resto del regimiento se aprestó a defender la cima de Reno Hill a las 18.30. Los guerreros les pisaban los talones y rodearon la posición.


La posición de Keogh es destrozada

La compañía L de Calhoun fue destruida, engullida por los guerreros Sioux y Cheyennes. La compañía I de Keogh se desplegó para entablar combate con los guerreros que perseguían a los pocos supervivientes. Los guerreros de Caballo Loco aparecieron por detrás de la compañía de Keogh en perfecto orden de combate. Los restos de las compañías C y L que eran perseguidas por los hombres de Gall y Dos Lunas desde el sur se toparon con los guerreros de Caballo Loco que descendían. Las tres compañías quedaron rodeadas.

El más absoluto de los caos reino en la posición, los guerreros avanzaron frenéticamente hacia ellos y muchos soldados aterrorizados trataron de huir. Algunos se agruparon y resistieron hasta que encontraron la muerte, otros acabadas las municiones intentaron escapar. Aquí fue donde murió el capitán Keogh junto a un pequeño grupo de sus soldados. Es en esta área donde se encontró el mayor número de caballos muertos de todo el campo de batalla. Algunos de los soldados que intentaron la huida, consiguieron llegar hasta las compañías E y F que se encontraban en Custer Hill. Desde allí pudieron ver como los guerreros eliminaban a los heridos y como destripaban, mutilaban y escalpaban a sus infortunados compañeros. Eran las 17.22 y la mitad de los hombres de Custer habían ya sucumbido. Los restantes estaban rodeados por un número incalculable de guerreros y en una posición indefendible.



Intento de fuga

El ala izquierda mantenía todavía su cohesión táctica y se preparó para recibir a los más o menos 20 soldados supervivientes del ala derecha. La compañía E desplegada en línea abrió fuego contra los guerreros que venían acosando a los fugitivos y los paró. Con apenas 100 soldados las compañías E y F estaban ya completamente cercadas en Cementery Ridge y Custer Hill. Estaban inmovilizados por un número infinitamente superior de enemigos. Quizás la proporción fuera de 15 o 20 indios por cada soldado. No había ninguna señal de Benteen.

Las dos compañías intentaron llegar a la cima de la colina, era una mala posición pero peor era la que tenían. Cientos de guerreros se movían alrededor galopando velozmente, preparándose para la carga final. Los hostiles consiguieron provocar la estampida de los caballos de los soldados, y muchos de ellos se escaparon. Los soldados se parapetaron detrás de los caballos muertos y los guerreros desistieron de tomar la posición al asalto. La munición todavía no faltaba y no era motivo de preocupación, aunque muchos relatos indios hablan de que capturaron muchísimas cananas llenas de cartuchos. Custer quizás ya estaba herido en estos momentos, se hizo un intento de fuga a caballo sin él. Elementos de la compañía E con los corceles que estaban disponibles salieron disparados hacia el oeste, en dirección a Calhoun Hill. El teniente de la compañía E Algeron E. Smith no fue con ellos, quedó atrás muerto o herido. Se dirigieron hacia los barrancos tratando de evitar a los francotiradores que los enfilaban en campo abierto, pero la maniobra falló, cientos de guerreros se lanzaron contra ellos en el barranco llamado Deep Ravine y les dieron muerte.

17.25. Unos 50 soldados (compañía F y los sobrevivientes del ala derecha) permanecían en Custer Hill. El fuego enemigo causaba muchas bajas y el número de hombres disminuía poco a poco. Inexplicablemente un grupo de 15 a 20 soldados iniciaron una fuga desesperada a pie hacia Deep Ravine, tiraron las armas y levantaron los brazos, fueron rodeados y muertos. Sus cuerpos quedaron esparcidos por toda la colina en dirección hacia el barranco.

 


El final de Custer

Los soldados que permanecían en Custer Hill, estaban en su mayoría heridos, otros no habían querido intentar la fuga cuando fueron apabullados por los victoriosos Sioux y Cheyennes. Resistieron hasta el final, un número indeterminado de guerreros murió en el combate final cuerpo a cuerpo.

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Muchos de los cuadros y dibujos de los últimos momentos de Custer, muestran a muchos soldados en la colina, y al trompeta llamando a Benteen. Esto es muy dudoso, porque Weir que escuchó los disparos también hubiera escuchado la trompeta.

Custer, en los momentos finales ya estaría muerto o muy mal herido. Fue encontrado boca arriba, encima de un soldado y un caballo. Tenía un disparo en la parte izquierda del pecho y otro en la sien izquierda. En el suelo, cerca de él, se encontraron 17 vainas de su rifle deportivo Remmington. A su lado yacía su hermano Tom, cubierto de flechas y horriblemente mutilado. El ayudante de Custer, teniente Cooke también estaba allí, el guerrero Cheyenne Pierna de Madera escalpó uno de los famosos mechones de su barba. Otros de los cuerpos que se encontraron al lado de Custer eran el de su hermano pequeño Boston, el trompeta Voss y el sargento Hughes Farther, portador del guión personal de Custer.

El capitán Yates y el segundo teniente Reily, jefes de la compañía F, así como unos 20 soldados de su compañía también encontraron la muerte allí. El teniente Algernon Smith, fue el único hombre de la compañía E encontrado en Custer Hill, cuando su compañía intentó la huida hacia Deep Ravine o estaba muerto o estaba gravemente herido. Había 42 cuerpos en la colina y 39 caballos muertos. 210 hombres del batallón de Custer estaban muertos. Eran las 17.30


Hacia las 18 horas los guerreros montados cabalgaron para enfrentarse a Benteen y Weir. Los cuerpos de la mayoría de los soldados fueron mutilados por los guerreros y las mujeres que les siguieron. El cuerpo de Custer no fue mutilado, sólo le cortaron un dedo y le taladraron los tímpanos.

 


Después de...

En Wier Point, los oficiales desconocían que habían sido testigos de los últimos momentos de Custer. El teniente Godfrey comentó: “Mientras esperábamos allí, pensábamos que Custer había sido rechazado y que los disparos que escuchábamos eran los de su retaguardia retirándose. De pronto el fuego cesó, las nubes de pólvora se disiparon y por todas partes jinetes indios venían hacia nosotros”.

Se hizo una muy pobre retirada desde Wier Point, se abandonó a un soldado que cayó herido. Los soldados que quedaban del Séptimo de Caballería volvieron a parapetarse en Reno Hill. El explorador civil Herendeen y 12 soldados que se habían quedado rezagados en la retirada de Reno, consiguieron llegar al atardecer a la cima de la colina. El teniente De Rudio, el guía Fred Girard y dos soldados más después de pasar toda una odisea, se incorporaron al resto de sobrevivientes dos días más tarde.

Los soldados en Reno Hill, cavaron trincheras poco profundas con herramientas improvisadas, los suministros fueron descargados y las sillas de los caballos e impedimenta de las mulas fueron usados para reforzar los exiguos parapetos que se habían excavado. Unos 400 caballos y mulas se colocaron en la parte más alejada de la posición. Los indios continuaron disparando y mataron a unas docenas de animales. En una pequeña depresión circular que había en el centro de la posición se instalaron los heridos, protegidos por tres lados por un parapeto y por el cuarto por la línea de ganado. El doctor Porter (único cirujano superviviente) atendió a todos los heridos. Durante la noche hubo 5 muertos y 6 heridos más a causa de los francotiradores.

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En la mañana del 26 los indios atacaron otra vez, pero no con la violencia del día anterior. Durante todo el día continuaron hostilizando. Estos nuevos combates ocasionaron 48 bajas más, de ellos 7 muertos. Hacia el final del asedio, Reno tenía 60 heridos. Benteen, al mando de la compañía H mandó una carga a pie, contra un grupo de guerreros que amenazaban con infiltrarse en el perímetro defensivo. Más tarde un pelotón de voluntarios “armados” con cubos, bajaron por el barranco hacia el río para traer agua para los heridos. A varios de ellos les fue concedida la Medalla del Congreso (máxima condecoración militar norteamericana) por esta acción. Como los soldados estaban bien protegidos en sus posiciones y con municiones de sobra, los indios fueron comprendiendo que iba a ser muy difícil el poder acabar con los ellos.

Al atardecer de ese día 26, los guerreros quemaron la hierba de la pradera. Los soldados en la cima de la colina observaban las grandes llamas. El sargento Charles Windolph describió el hecho: “Una fuerte humareda se levantó en un instante, y pudimos ver en el valle a cientos de indios, a pie y a caballo, con sus manadas de póneys y sus travois, perros y animales de carga, como cogidos en una trampa en un gran campo, moviéndose lentamente hacia el sur. Fue como el Éxodo de la Biblia; los Israelitas escapando de Egipto; una gran tribu en marcha”.

Reno enterró sus muertos y ocupó posiciones en el río al atardecer. No había ni rastro de la columna del general Terry. Todos los indios se habían ido. Había sido la más grande victoria de todos los tiempos sobre los blancos..., y la última.